Suna no ona
Algo tiene Kobo Abe que te clava en la lectura de su prosa hasta no ver el final. Esto me acaba de pasar con Suna no onna (La mujer de la arena, 砂の女), libro en verdad apasionante.
Esta novela la publicó Kobo Abe en Japón hace ya tiempo, pero su lectura es obligada si queremos conocer un poco más sobre el pensamiento creativo del lejano oriente. La novela inicia con una noticia: la desaparición de un profesor dedicado a la colección de insectos. El coleccionista ha decidido dedicar tres días de vacaciones a lo que más le gusta, y ahora quiere hacerlo en el desierto.
Al adentrarse en el terrible mar de cristal, llega inopinadamente a cierto sitio donde hay hermosas dunas y extraños aldeanos que habitan el lugar, y éstos le ofrecen hospedaje en uno de sus albergues. Al principio el coleccionista se muestra encantado, pero después se pone en alerta al darse cuenta que tiene que bajar por una escalera de cuerdas debido a que la casa se encuentra a más de tres metros bajo la arena.
De un modo imprevisto, el profesor Nikki Jumpei va a dar a la casa de una viuda a la que de antemano había considerado vieja, pero su mal humor desaparece al comprobar que se trata de una joven mujer que ronda los 30 años. Cuando ella le prepara de cenar, el coleccionista come con gran apetito y esto le hace sentirse alentado.
Aquella misma noche, no obstante, y luego de entablar plática con su joven hospedadora, empieza a sospechar que detrás de todo lo que ve hay algo siniestro. En poco tiempo confirma que los aldeanos le han engañado y que lo han tomado prisionero para que impida que la arena se acumule dentro de la casa.
Comienza así esta salvaje y trepidante historia entre un hombre solitario en cautiverio y una sociedad desconocida que tiene sus propios e inamovibles valores. Durante toda la novela, como es lógico, el profesor Jumpei hace de su escapatoria una obsesión, y aunque en una ocasión casi lo logra, de repente se da cuenta que su vida está en manos de los aldeanos de las dunas: él depende de ellos para alimentarse y para obtener agua, y en este sentido, escapar podría significar su muerte.
Suna no onna es una novela del absurdo que nos revela el grado de alienación y codependencia que puede llegar a sufrir un individuo dentro del grupo comunitario en que se mueve. Predomina en ella, por tanto, una intensa sensación de claustrofobia y de pequeñez ante todo lo que rodea al profesor cautivo; una alucinante atmósfera de angustia e impotencia ante lo insoluble.
A pesar de ello, Kobo Abe ha escrito una novela tremendamente bella donde nada sobra en sus páginas, ni tampoco falta. Las sensaciones del protagonista se hacen tan tuyas que entonces sudas con él, gimes con él, sufres con él, y aún llegas a sentir el odio que él siente por sus captores y su circunstancia.
Y bueno, también puedes conocer el verdadero sabor de las arenas del desierto, una metáfora extraña y ambigua que Abe logra trasladar con mucha inteligencia a sus lectores.
Ahí se ven.



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