La naranja mecánica
Hablar un poco de este libro, un clásico moderno, no es casualidad. Y no es casualidad por una sola cosa: El tema de la violencia.
Bueno, hoy hay violencia en México y hay violencia en el mundo. Nada del otro mundo para nadie. Pero lo que uno lee en la trama de esta historia, la historia del adolescente Alex, por alguna razón nos trae a pensar precisamente en la violencia de hoy, en las conductas de hoy, en los lenguajes de hoy y en los salvajismos de hoy.
Alex lidera una pandilla de chicos superviolentos. Estos sicodélicos jóvenes del art pop de los sesenta viven como quieren, no atienden nunca reglas y odian a muerte a su prójimo. En su distorsionada sicología ellos golpean, violan y matan sólo por matar.
De hecho la sangre de la violencia es su vida, es su todo. Los drugos no conocen otro modo de vivir si no se alimentan de sangre. Pero un día Alex es víctima de las infamias que él mismo generó, y entonces es traicionado por sus compañeros de armas. El chico va a dar con sus huesos a la cárcel, y ahí dentro lo condicionarán a odiar la violencia.
Un libro algo difícil por el lenguaje que utiliza el narrador, un raro “idioma” conocido como Nasdaq, que es por cierto una de las particularidades de esta historia. ¿Hay similitudes con la actualidad?
Las consecuencias directas para este adolescente, aún cuando ha renunciado a su violenta vida pasada, no terminan ahí. Todo lo contrario. Aunque ahora Alex se opone a la violencia, él enfrentará a sus excompañeros de una manera tan brutal como implacable. Él llevará sobre sí el estigma de su turbulenta adolescencia hasta el final.
Anthony Burgess escribió esta magnífica novela que quizá sea un tema profético para nuestros días (depende cómo lo queramos ver), aunque su recreación venga de otra época.
De hecho, el libro de Burgess fue base para el guión de la laureada peli de Stanley Kubrick que lleva el mismo nombre.
Ahí se ven.



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