lunes, 15 de febrero de 2010

Mis primeros dos mil años


¿Acaso hay libros olvidados? Ya lo creo. Y posiblemente este sea uno de ellos.

A veces habrá razones para que un libro se olvide, aunque el libro lleve en sí mismo un corazón único y una historia irrepetible. Otras tal vez no las haya, salvo la compartida culpa de las editoriales por olvidarse de su reedición.

Ignoro cual sea el caso de “Mis primeros dos mil años”, de George Silvester Viereck & Paul Eldridge, aunque sospecho que con sus cuatro o cinco ediciones de por vida, acaso le hizo falta difusión.

Tampoco hay que creerse la mentira de que hay libros de altura solo para letrados. Un libro es libertad y está al alcance de cualquiera, trate del tema que trate.

Pero bueno, hablemos un poco de esta obra, para mí monumental, en donde la vida de El judío errante casi se nos presenta como un símbolo cósmico.

Cartaphilus (o Isaac Laquedem) es el protagonista principal, que a veces es opacado en su papel por la enigmática presencia de Kotikokura, una especie de homúnculus, un hombre-mono que se convierte, casi desde el principio, en su eterna sombra, y que quizá represente la omnisciencia mortal que acompaña al hombre mientras vive.

Cartaphilus es un judío que aborrece ser judío; por ello adopta la personalidad de un romano por ser éstos los que detentan el poder sobre los hebreos en los tiempos de Jesús. Así, Cartaphilus es uno de los soldados que están presentes durante la crucifixión del Mesías en Jerusalén, en los días de los panes ácimos.

Todo comienza con una escena casi indescriptible en la que Cartaphilus, lleno de odio y animadversión, se niega a prestarle ayuda a Cristo mientras éste lleva cargando la cruz hacia el Calvario. Por esto, Jesús le lanza una maldición: “Yo seguiré, pero tú errarás hasta que yo regrese”.

Cartaphilus intenta continuar su vida, pero sus amigos más cercanos, María Magdalena y Juan el apóstol se confiesan seguidores de Jesús, a quien él ha despreciado. Carente de hijos, de amigos y de valores, con el paso de los años ve envejecer a su esposa mientras en él sigue brillando el vigor de la juventud. Ante el inminente cumplimiento de la maldición en su vida, Cartaphilus decide huir de Israel.

Es así como el personaje da inicio a una vida solitaria y errabunda apareciendo, acaso por designio divino, en distintos escenarios del tiempo, junto a situaciones y figuras que jugaron un papel relevante en la Historia conocida.

Es Cartaphilus quien aconseja a Nerón de que culpe a los cristianos de incendiar Roma, y es él quien, haciendo uso de su ingenio maligno y artificioso, y ayudado siempre por el misterioso Kotikokura, hace ver la cruz esplendente a Constantino. Es él quien convive con Atila, el azote de Dios, y quien paso a paso se va convirtiendo en el consejero de los más ilustres personajes que forjaron la historia.

Los recursos económicos de Cartaphilus son inagotables y fluyen sobre su vida como si fuesen parte de su misma condición de maldito. Vagando por el mundo conocerá a Fausto, a Don Juan y a Casanova; tendrá trato carnal con Salomé, su amor imposible, que también vaga en la noche de los tiempos, e influirá con gran poder persuasivo sobre las decisiones de cada época sin que en su cuerpo aparezcan señales de decrepitud o decadencia.

El libro, como lo calificó Thomas Mann, es audaz y magnífico, y está dividido en breves capítulos, escritos todos en un lenguaje sobrio y objetivo.

Cargado de hechos y de personajes históricos, pero sobre todo de ironía, “Mis primeros dos mil años” deja ver también la parte falaz de los acontecimientos de la historia que de facto se han aceptado como ciertos, poniéndolos en duda con sarcasmo.

Lo grotesco y lo divino, lo absurdo y lo incontestable, lo irónico y lo cruel son las variables fantásticas que componen esta obra: Una epopeya literaria que no te puedes perder.


2 comentarios:

Astrid dijo...

No se cómo di con este blog. Éste es uno de mis libros favoritos. Me encanta el sarcasmo con el que se maneja, dirigido a la historia, pero sobre todo a la religión. Cartaphilus es también uno de mis personajes favoritos: la sabiduría que le da el paso del tiempo más su juventud y búsqueda lo deja en una situación muy particular. Un gran libro y una gran historia.
Astrid

Anónimo dijo...

leei este magnifico libro cuando era joven,hoy en mi vida adulta lo recuerdo con emocion, e intentado conseguirlo para que mis hijos lo leean y sepan lo que es bueno . FELICIDADES A TODOS QUIENES AN LEEIDO ESTE MAGNO EJEMPLAR.y propongo la "comunidad de lectores de MIS PRIMEROS 2000 AÑOS"
ANTUAN.