jueves, 15 de noviembre de 2007

Apocalypto, la sangre y el racismo


Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta.
Orson Welles.





¿Qué tienen que ver los Mayas con los Aztecas? ¿De qué cultura sangrienta nos habla Gibson, de la primera o de la segunda?

Más allá de los esfuerzos y el arte que Mel Gibson pudiera imprimir en sus películas, -y que sin duda es algo que tiene que reconocerse-, me parece preocupante constatar en algunos de sus filmes la presencia de un cierto matiz de racismo, excesos de sangre y de violencia que me imagino surgirán del desmesurado afán del actor-director por desbordar taquillas, por hacer más dólares —el cine es un negocio, dicen—, por buscar lauros y galardones en el montaje de los grandes award como el Oscar y otros premios, aunque él se empecine en negarlo.

Para decirlo con claridad, hay ciertos filmes de Gibson que la verdad no han estado mal; ambos son de corte histórico: El Patriota por ejemplo, película que retrata un breve esbozo de la cruenta guerra civil norteamericana, y Corazón Valiente, cinta con un importante mensaje realista de fondo con la cual Gibson consiguió el Oscar. La otra, Señales, en la que el actor, productor y director pretendió incursionar en el mundo de la ciencia ficción y la ufología, pasó sin pena ni gloria.

Pero no hay duda de que su película más polémica ha sido La pasión de Cristo, en donde Gibson (o el guionista) se centran puntualmente en los últimos días de la vida de Jesús, sin preocuparse por integrar al argumento el rico contenido histórico de su ministerio, el poder de su mensaje hablado y de sus obras portentosas. Gibson (o el guionista), aquí, se ciñen simplemente al tiraje de una representación febril de los pormenores del flagelo, cruel hasta el exceso, del juicio, crucifixión y muerte de Jesucristo, haciendo de toda la película una verdadera antología sangrienta.

Ahora Gibson vuelve por sus fueros y nos presenta Apocalypto, película filmada en México de la que se esperaba todo, menos que el director volviera a hacer de las suyas presentándonos a los Mayas como una cultura poblada de seres salvajes y sedientos de sangre.

Razón no le faltó a Carlos Muñoz, profesor emérito y experto en estudios étnicos, raciales y de inmigración de la Universidad de Berkeley, al decir que los mexicanos no deberían sentirse orgullosos del filme Apocalypto, pues de ninguna manera muestra las auténticas virtudes del pueblo maya como civilización.

El catedrático afirma que Gibson es un hacedor racista de películas, un realizador de cintas de violencia que a su vez son sólo un reflejo cultural de la sociedad estadounidense. “Son producciones de una sola dimensión, como La Pasión de Cristo, en cuyo caso no se representa ni se expone cabalmente lo revolucionario que Jesucristo fue; ese mensaje nunca llegó a quienes la vieron”.

Muñoz también destacó en su momento como importante que, quien se decidió a ver Apocalypto no encontró en él un filme fiel a la realidad, pues Gibson ni siquiera intenta hacer un esfuerzo por entender la historia de México.

Y yo agrego: Si lo que quiso decirnos Gibson en Apocalypto es que la gran cultura Maya era sangrienta como la Azteca se equivocó de historia. Claro, tal vez en otros continentes (lo digo con todo respeto) no adviertan el garrafal error histórico que comete el director, pero aquí en América, en México, podemos decirle al señor Gibson: Mel, a otro perro con ese hueso.

A mí me parece que películas así no buscan representar los méritos, los aciertos o los errores -todo lo que podría hacerla creíble- que existen en cualquier cultura humana, sino más bien reflejan una búsqueda, a veces no tan velada, del impacto mediático, el aplauso fácil en los foros internacionales y, muy en el fondo, el reconocimiento taquillero al más puro estilo Guiness para situarse en el top histórico de las recaudaciones millonarias.

El arte y la verdad histórica de una cultura grandiosa como la de los Mayas se ha quedado atrás, olvidado en la penumbra. Lo que hay que resaltar es la sangre, el racismo, el interés monetario -el cine es un negocio, dicen-, y las poses… sólo las poses.


el webcindario de oswaldo
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2 comentarios:

ANA LUISA CARLETTO dijo...

KOWABAMBA!... CUANTA RAZON EN ESO DEL RACISMO Y LA SANGRE, PERO MOLA VER QUE GIBSON DESCONOCE LA HISTORIA DE LOS MAYAS... SALUD.
SALUDOS A OSWALDO.

Universo Anita Beige dijo...

No he visto la película, pero lo que si es cierto es que Gibson es un poco ¿sado? ¿norboso?, lo mismo hizo con La Pasión, recreándsoe y entreteniéndose en las escenas más sangrientas, donde se vea muy claramente el sufrimiento físico, el escarnecimiento , .a sangre y demás... no se yo de la realidad a la ficción cuanto habrá, pero especialistas en historia tmabién comentan que a parte de pasarse un pelín, tiene mucha imaginación... a parte de exageradamente sangriento en todas sus direcciones.